Música para concentrarse: Las mejores playlists de Spotify

Existen dos tipos de personas: las que necesitan estar en silencio sepulcral para poder concentrarse y los que necesitan tener música de fondo para aislarse de su entorno y concentrarse en lo que están haciendo. La música puede convertirse en un elemento clave para la concentración porque también te aísla del ruido de lo que te rodea. Aislándonos de todo somos más productivos y mucho más eficientes con nuestro trabajo.

 

Según un estudio de la Universidad de Miami, la gente que escucha música mientras está trabajando o estudiando es mucho más rápida, más eficiente y creativa que aquellos que trabajan en silencio. Esto se debe a que la música activa una funciones motoras en el cerebro que ayudan a la concentración. Además, la melodía de la música ayuda a mantener el cerebro en un entorno más o menos estable al ruido que podemos llegar a escuchar en una oficina.

 

Pero todo tiene su límite. No es bueno escuchar la música excesivamente alta ya que en lugar de concentrarte lo que hace es distraer. Con ello, el volumen perfecto para la música es aquel que te permita que si tu compañero de al lado te habla, seas capaz de intuir lo que te dice. Viendo que la música puede ser tan beneficiosa para el trabajo, en jobandtalent hemos querido hacer una serie de playlists que nos ayuden para el trabajo.

 

Hoy os vamos a presentar la primera de estas playlists

 

Focus in Progress

 

Cuando hicimos esta playlist, dedicamos bastante tiempo a pensar en qué sería lo más conveniente para escuchar en el trabajo. Aquí encontramos que el sonido de la guitarra seguía unos patrones melódicos que facilitaban la concentración. En esta playlist verás que no hay grandes saltos de ritmos entre canción y canción y todas permiten que te puedas concentrar manteniendo un sonido de fondo.

 

La música estimula nuestro cerebro. Lo dicen los publicistas de la colección Baby Einstein y lo confirman los estudios académicos. Ahora bien, ¿es este estímulo positivo? Todo depende de cuál sea tu tarea. Si es mecánica no te irá mal un poco de ritmillo. Por el contrario, si tu trabajo es intelectual, es bastante probable que solo consiga distraerte, porque a ver quién es el guapo que cuadra un balance contable mientras escucha el Uno más uno son siete de Fran Perea o el Un limón y medio limón de Juan Antonio Canta. Resumiendo: la música amansa las fieras y mejora tu humor, pero distrae de los quehaceres, así que hay que elegir el repertorio con sumo cuidado para equilibrar nuestro karma.

 

El mayor masaje para el cerebro ocupado son las canciones con patrones repetitivos (no estamos hablando del Bailando de Enrique Iglesias o el Ave María de Bisbal que tienen, ejem, letra). El efecto de los ritmos repetitivos se multiplica cuando conoces las canciones que vienen a continuación, momento en el que tu cerebro produce el neurotransmisor llamado dopamina que da mucho placer.

 

Repasemos. música sin letra (adiós, Bob Dylan), con melodías repetitivas, ni grandes sobresaltos. O sea: jazz clásico –nada de vanguardismos estridentes y jam sessions infernales–; música clásica –lo mismo, mucho Bach y nada de ruidismo a lo Stockhausen, pero un Beethoven metido en furia ayuda en los días de estrés y un buen Wagner ahoga el runrún de cualquier cotorra de oficina–; música minimalista a lo Philip Glass, Steve Reich o Erik Satie; ambient a lo Brian Eno; chill out, pero sin pasarnos con las dosis ibicencas, que el lugar de trabajo no es el Café del Mar, por favor; muchas bandas sonoras, del muy de moda Cliff Martínez a Michael Nyman o Alexandre Desplat. Y, ¡sorpresa!, bandas sonoras de videojuegos, especialmente diseñadas por los desarrolladores para no despistarte en tus aventuras gráficas. Busquen Michael Giacchino o Medal of honor en Spotify. Todas estas canciones ayudarán, pero no convertirán a el Tonto Simón de la canción de Radio Futura en Einstein. A fin de cuentas, la relación de amor entre música y trabajo se parece más a un bolero que a cualquier otra cosa.

 

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