¿Te imaginas que te obligan a desconectar del trabajo por ley?

“Debes apagar el teléfono de la empresa desde las 6 de la tarde hasta las 9 de la mañana”, ¿te imaginas que tu jefe te dice eso? Estas son las veinte palabras que escucharán los consultores, los informáticos y los ingenieros con cargos de responsabilidad en Francia, si se llega a aprobar el acuerdo que han firmado los dos sindicatos de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y la Confederación Francesa de Cuadros Directivos (CFE-CGC) con dos patronales del sector de asesoría técnica, ingeniería, servicios informáticos, recursos humanos y consultoría, Syntec y Cinov.

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Este acuerdo, que busca ponerle fin a la interminable jornada de los trabajadores, no sólo les obligaría a apagar durante 11 horas diarias sus móviles y ordenadores que les conectan con la oficina, sino que además las empresas deberán supervisar que se cumple la prohibición de estar online. El acuerdo gira, principalmente, en torno a dos cuestiones: los tiempos de trabajo y de descanso del empleado, por un lado, y la carga de trabajo, por otro.

Sin embargo, algunos expertos creen que esta medida oculta un mal aún mayor: la sobrecargas de trabajo cada vez más frecuentes debido a la conectividad y a la disponibilidad permanente del trabajador, alentada por las nuevas tecnologías, que sobrepasa los límites de las jornadas de trabajo.

Medidas acordadas por el documento

El documento que contiene el nuevo acuerdo, comienza afirmando que los asalariados sometidos a este acuerdo, “disponen de un tiempo de descanso diario mínimo de 11 horas consecutivas, y de un reposo semanal de 35 horas mínimas consecutivas”. No obstante, para evitar llevar al empresario al error de creer que todo lo que no es tiempo mínimo de descanso pueda ser ocupado por la jornada laboral, “se recuerda que dichos límites no tienen por objeto definir una jornada habitual de trabajo de 13 horas diarias, sino la duración máxima excepcional que puede tener la jornada laboral”. A continuación, se establece la cláusula más comentada del acuerdo, ya que para garantizar la efectividad del mismo, el trabajador, por su parte, debe desconectar las herramientas de comunicación a distancia durante los periodos de reposo; y, por la parte del empleador, debe poner en marcha una herramienta de seguimiento para garantizar el tiempo de descanso diario y semanal del trabajador y tomar las medidas necesarias para que el empleado tenga la posibilidad de desconectarse de las herramientas de comunicación a distancia puestas a su disposición. Es decir, el trabajador no podrá dedicar a tareas relacionadas con el trabajo, ni su tiempo de ocio al final de la jornada laboral, ni el fin de semana.

El acuerdo va más allá y establece que, para vigilar la salud y la seguridad de los trabajadores, el empresario debe convocar, al menos una vez al año, una reunión con el trabajador para tratar la carga del trabajo, el reparto de tareas en la empresa, la remuneración del empleado, y, por último, la articulación entre la actividad profesional y la vida privada.

Los trabajadores afectados por este acuerdo son aquellos que ejercen responsabilidades de gestión, misiones comerciales, de consultoría, o que realicen tareas de concepción, elaboración y supervisión de proyectos, así como los que dispongan de una gran autonomía e independencia en la organización y en la gestión de su tiempo de trabajo para llevar a cabo las misiones encomendadas.

La salud de los trabajadores: principal motivo justificador del acuerdo

La dirigente del sindicato CFDT, Marie Buard, indica que este acuerdo afecta a unos 850.000 trabajadores, pertenecientes a empresas como Atos y Accenture, y señala que cada compañía deberá negociar con sus trabajadores la manera de aplicar este acuerdo. Buard añade que “el empresario tiene la responsabilidad de velar por la salud del trabajador. Para evitar la prolongación ilegal de las jornadas laborales, algunas empresas pueden establecer que las herramientas electrónicas de trabajo no estén accesibles de viernes a lunes, por ejemplo.”

La representante sindical ha dejado patente su preocupación social respecto al aumento de los llamados riesgos psicosociales. No en vano, el pasado año firmaron otro acuerdo para proteger a los trabajadores respecto de la carga de trabajo que buscaba acabar con los empleados conectados 24 horas al día. “Queremos más salud para los trabajadores y lograr una mejor conciliación entre la vida privada y la vida laboral”.

El burn out y los suicidios por estrés

El semanario político L’Express dedicó su portada hace unos días al llamado burn out, esto es, el agotamiento profesional, padecido por uno de cada cinco trabajadores, que generalmente no ven llegar la crisis psicológica hasta que esta les cae encima. Los principales síntomas del burn out son la depresión, el síndrome post-traumático y la ansiedad generalizada. Se afirma que cerca de 4 millones de franceses sufren esta variante nociva del estrés, debido al trabajo excesivo o compulsivo, y afecta tanto a los empleados de alto y medio rango, como a los trabajadores autónomos o trabaja dores por cuenta propia.

La alarma social arrancó hace siete años al producirse una serie de suicidios entre los asalariados del grupo de automoción Renault. La causa fue la decisión del presidente de la corporación, Carlos Ghosn, de lanzar 27 nuevos modelos de coches en apenas tres años, lo que llevó a la implantación de unos horarios tiránicos y unos proyectos de desarrollo tan intensos que obsesionaron a algunos de sus responsables, hasta hacerles perder la cabeza.

Lo mismo ha sucedido en la empresa de telefonía Orange, que tan sólo en el primer trimestre ha registrado una decena de suicidios.

Por estos motivos, muchas empresas se han concienciado del problema y han empezado a tomar medidas: en muchas se han prohibido las reuniones demasiado tardías, y en otras, la luz se apaga automáticamente a una hora determinada, para marcar el final de la jornada.

Esta preocupación no es exclusivamente francesa, sino que está presente en muchos países. En Alemania, por ejemplo, las medidas que se han tomado en empresas como Volkswagen es la desconexión de sus servidores informáticos entre las 18.15 y las 7.00 de la mañana. Este tipo de iniciativas han sido acogidas con entusiasmo por el gobierno de Angela Merkel, que anunció en agosto de año pasado una reglamentación que prohibirá llamar o enviar mensajes a empleados, salvo en casos de emergencias.

Los expertos la consideran una medida muy favorable

El científico y profesor de la Escuela Politécnica de Palaiseau, Pierre-Jean Benghozi, especializado en el estrés laboral en relación con las tecnologías, ha hecho su particular aportación al considerar que “es una buena idea” forzar a la empresa y al trabajador a desconectar una vez terminada la jornada laboral. “Es una protección para los más débiles, para quienes no tienen la posibilidad de decir no, de protegerse ante un abuso por parte de sus superiores”. Sin embargo, matiza añadiendo que “no estoy seguro de que sea tan fácil llevar a cabo ese acuerdo”.

Según Benghozi, “todos los estudios demuestran que el desarrollo de herramientas de gestión en Internet empuja a una confusión entre el espacio de la vida privada y profesional”, lo que además se ve reforzado por el hecho de que “los ciudadanos están hiperconectados”. A esto hay que añadirle la influencia de la dinámica interna de las empresas, que desde hace muchos tiempo está aumentando la presión sobre la productividad y los resultados, lo que lleva a muchos empleados “a postergar determinadas tareas, que no requieren presencia física, al final de la jornada, e incluso a la llegada a casa”.

No obstante, el Ministerio de Trabajo galo sigue sin haberse pronunciado sobre este acuerdo, por lo que aún no se sabe cuándo se implantará el mismo, ni cuándo empezará a ser efectivo.

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