9 casos de artistas de renombre que sólo conocieron el éxito póstumo

Muchos son los casos de personajes destacados que no llegaron a conocer el éxito en vida, y podemos encontrar ejemplos de ello desde la antigüedad hasta nuestros días. Aquí encontramos nombres tan destacados como el de Cervantes o Van Gogh, hasta el famoso escritor sueco Stieg Larsson. Jobandtalent te cuenta nueve casos de los más destacados, tanto en el mundo del arte, como en la literatura o la música.

La “irónica” muerte de Stieg Larsson le impidió conocer el éxito de la saga Millenium

Sin embargo, no hace falta retrotraerse demasiado para encontrar ejemplos de escritores de éxito póstumo. Uno de los casos más recientes es el del escritor sueco Stieg Larsson, cuya  trilogía Millenium, ha recaudado millones de euros y de lectores en todo el mundo, siendo además adaptada al cine y a la televisión. Sin embargo, Larsson nunca disfrutó de todo esto y ni siquiera vio publicada su obra, ya que en 2004 murió por un infarto, siendo toda su obra y todo su éxito póstumos. Y para más inri, Larsson sufrió el infarto cuando acababa de entregar a la editorial la tercera parte de la saga, y se iba a publicar la primera.

Desde joven, Larsson se comprometió en la lucha contra el racismo y las exclusiones sociales. Trabajó como periodista y se especializó en la extrema derecha antidemocrática, adquiriendo unos conocimientos tan profundos, que instituciones como  Scotland Yard o la OSCE solicitaron su ayuda para algunas investigaciones. Debido a la publicación de varios reportajes en los que denunciaba la conexión entre grupos nazis y algunas empresas, empezó a recibir amenazas de muerte, lo que le obligó a vivir prácticamente en la clandestinidad, prácticamente hasta su muerte.

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La saga «Millenium» se ha traducido a más de 64 idiomas

Fundó y dirigió la revista Expo, que le permitía compatibilizar con su trabajo como escritor. Todos los días, cuando llegaba a casa después del trabajo, se ponía a trabajar en Millennium. En tres años completó 2.286 páginas. Larsson no era una persona preocupada por su salud: fumaba sesenta cigarrillos al día, se alimentaba prácticamente a base de comida basura y apenas dormía.

El infarto se produjo debido a que el ascensor de la redacción de la revista Expo, situado en un ático de Estocolmo, se estropeó y tuvo que subir siete pisos andando. Al sentirse indispuesto, sus compañeros llamaron a una ambulancia que le trasladó al hospital en el que moriría horas después. Larsson había entregado el manuscrito de tres libros, pero la saga estaba pensada para siete, que ya nunca podremos leer.

Su muerte no sólo trajo su éxito póstumo, sino también la polémica: la mujer con la que convivió 32 años, Eva Gabrielso, no ha obtenido ningún beneficio de los libros de Larsson por no estar casados. Éstos han ido a parar al padre y al hermano de Larsson, con los que no mantenía relación desde hacía años. En su día, se crearon grupos de apoyo y una página web para pedir donaciones en favor de la viuda y que se reconozcan sus derechos.

El caso del “músico maldito” Nick Drake, de ignorado por la audiencia a artista de culto

Igual que en el caso de la literatura, no tenemos por qué irnos hasta el siglo XIX para ver casos de músicos que sólo conocieron el éxito póstumo. Este es el caso de Nick Drake, un cantautor y músico inglés, nacido en Birmania, que tuvo muy poco éxito comercial durante su vida, pero su trabajo es muy apreciado en la actualidad, tanto por la crítica como por sus compañeros de profesión, que ahora lo catalogan como uno de los más grandes músicos de la historia del siglo XX.

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Portada de la biografía de Drake, escrita por Patrick Humprhy

Sus ritmos acústicos y otoñales, combinados con letras profundas y ciertamente depresivas (Drake la padeció toda su vida, así como insomnio), inundan los tres discos que publicó en vida, con reseñas positivas, pero con una acogida muy pobre. Sin embargo, su tercer álbum Pink Moon está considerado como una de las declaraciones más sombrías del mundo del rock.

Drake murió a los 26 años por una sobredosis debido a una mezcla de antidepresivos y pastillas para dormir. Fue un “maldito” en toda regla: solitario, depresivo, consumidor habitual de cannabis y otros estupefacientes, tuvo muy pocos amigos, aunque un talento musical inconmensurable (tocaba la guitarra, el piano, el clarinete y el saxofón).

Actualmente es considerado un artista de culto, y ha sido mencionado por muchos músicos de renombre como una influencia decisiva en su carrera, entre los que podemos mencionar a Elthon John, Robert Smith (cantante de The Cure) o Peter Buck (guitarrista de R.E.M.).

El sonado éxito póstumo de Van Gogh y el desconocido Leonardo Alenza

El caso de éxito póstumo más mencionado es el del pintor holandés Vincent Van Gogh, uno de los pintores impresionistas más destacados e influyentes de la historia del arte, que en vida sólo vendió un cuadro, y el comprador fue su hermano Theo; y sin embargo, hoy en día por sus cuadros se pagan millones, (por el Retrato del Dr Gachet, se recaudaron 82 millones y medio de euros) y son conocidos e imitados en todo el mundo.

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Autorretrato del pintor holandés

Van Gogh fue el mayor de seis hijos, y la relación que mantuvo con su hermano Theo, cuatro años menor que él, fue determinante en su existencia y en su trayectoria artística. Estudió arte en Suiza y Londres, con pintores de la talla de Anton Mauve, pero el descubrimiento de la pintura de los impresionistas hizo que abandonara la vida académica y se transladara con Theo a París, en 1876. Allí conoció a Pissarro, Seurat y Gauguin, bajo cuya influencia su paleta se volvió más colorista y su visión menos tradicional, dando forma a su visión personal del postmodernismo. Sin embargo, pronto comenzarías sus crisis mentales, que le llevarían a ingresar en un hospital psiquiátrico, al cortarse parte de la oreja izquierda tras una disputa con Gauguin.

Tras la estancia en este hospital, y ante la imposibilidad de llevar una vida normal, Van Gogh se sometió a un tratamiento bajo el cuidado del doctor Paul-Ferdinand Gachet. Van Gogh no dejó de pintar un momento, y si en el hospital realizó retratos de doctores, con el doctor Gachet retrató el pueblo donde se hospedaba, el paisaje y sus habitantes, intentando captar así también su espíritu. Su estilo evolucionó formalmente hacia una pintura más expresiva y lírica, de formas imprecisas y colores más brillantes.

Pese a que unos meses más tarde el doctor Gachet consideró que se encontraba plenamente curado, su estado de ánimo no mejoró debido a los sentimientos de culpa provocados por la dependencia de su hermano Theo y por su fracaso profesional. Sumido en esta situación de angustia, Van Gogh se suicidó sin haber conocido jamás el éxito o cualquier tipo de reconocimiento personal.

Leonardo Alenza, el pintor “maldito” español olvidado

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«Los románticos», el cuadro más famoso de Leonardo Alenza

Si buscamos algún caso de pintor español olvidado entre los casos de éxito póstumo, encontramos el nombre de Leonardo Alenza, pintor y grabador romántico español, que se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con grandes maestros como Ribera o Madrazo. Fue autor de obras costumbristas de pequeño formato, de retratos llenos de vida en los que supo dotar a sus modelos de expresividad y profundidad psicológica y también de numerosos dibujos y grabados, todo ello gracias a la influencia de Goya y siguiendo los patrones de la moda romántica europea.

Alenza puede considerarse el prototipo de pintor maldito que pasó durante su vida toda clase de privaciones y penurias económicas, y que consiguió sobrevivir a duras penas con la venta de sus dibujos y del pequeño estipendio que recibía por su colaboración en revistas ilustradas. Murió en el anonimato, pero poco tiempo después de su muerte, se produjo el reconocimiento de su obra por parte de la crítica y del público, llegando hasta nuestros días.

El éxito póstumo en el mundo de la literatura: de la novela española al terror cósmico

En el caso de autores y escritores, los ejemplos de éxito póstumo se disparan. Desde el siglo XVI hasta nuestros días, bien por causas del Destino o por injusticias de la vida, estos autores que ahora consideramos fundamentales, vivieron y murieron en la miseria, creyendo que su obra había sido una pérdida de tiempo.

El ejemplo más claro de éxito póstumo, precisamente, el del mayor exponente de las letras en la historia literaria de nuestro país: Miguel de Cervantes.

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El escritor español más importante de la historia sólo conoció un éxito parcial en vida

Nacido en Alcalá de Henares en 1547, Cervantes fue un hombre de armas y letras al estilo del perfecto caballero renacentista como lo fue Garcilaso de la Vega; sin embargo, como él decía, era más versado en desgracias que en versos, y tras la batalla de Lepanto (1571) fue gravemente herido en la mano  izquierda; y cuando volvía a casa tras haber combatido bajo el mando de Don Juan de Austria, fue apresado por corsarios berberiscos. De su cautiverio nos llegan sus primeros escritos, como Epístola a Mateo Vázquez. Tras su liberación, comenzó a trabajar como recaudador de impuestos para la Armada Invencible. Durante toda su vida estuvo persiguiendo el éxito literario, manteniendo siempre una enemistad directa con Lope de Vega, mejor poeta y dramaturgo que él.

Cervantes consolidó su reputación como escritor en los últimos años de su vida, cuando publicó las Novelas Ejemplares en 1613, Viaje al Parnaso¸ ocho comedias y ocho entremeses, así como la segunda parte de Don Quijote; y así continuó escribiendo hasta su obra póstuma, Los trabajos de Persiles y Segismunda. Cervantes moriría sin saber el éxito y la poderosa influencia que sus obras tendrían sobre autores posteriores, y vivió sin poder disfrutar del prestigio y del reconocimiento, siempre con un presupuesto más que ajustado.

H. P. Lovecraft, de revisar textos de otros autores a crear de un nuevo género literario sobrenatural

Otro caso a destacar de autor “olvidado en vida”  y de éxito póstumo, fue el de Howard Phillips Lovecraft, el gran maestro del horror cósmico. Empezó a escribir a los siete años, y a los quince ya había escrito su primera obra de cuentos góticos, que tituló La bestia en la cueva. Durante toda su vida fue una persona bastante solitaria y aislada. Sin embargo, llegó a casarse, aunque el matrimonio no duró mucho, debido a que los cónyuges no consiguieron encontrar trabajo en Nueva York, ciudad a la que se habían trasladado. Trabajó como  revisor para otros autores, que luego conformarían el llamado “Círculo de Lovecraft”. Tuvo una salud muy precaria y murió muy joven por cáncer intestinal.

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Placa conmemorativa de la ciudad de Providence a su autor estrella

La obra de Lovecraft se desarrolló a lo largo de toda su vida, y muchos de sus relatos fueron publicados en la revista Weird Tales, dedicada en exclusiva al género del terror. A pesar de esto, el nombre de Lovecraft era muy poco conocido en el mundo editorial. La aportación de Lovecraft a la literatura es inconmensurable, ya que desarrolló e impulsó el terror cósmico hasta sus últimas consecuencias: creó toda una saga y una mitología en torno a la figura de un dios extraterrestre inventado, Cthulhu, y se consagró como uno de los maestros de la narrativa de terror sobrenatural. Aunque él nunca lo supo.

La obra de Lovecraft fue descubierta y promocionada por los autores que componían el llamado Círculo de Lovecraft, incluso cuando muchos de ellos nunca conocieron en persona al escritor de Providence, que mantenía una intensa correspondencia con todos ellos.

Edgar Allan Poe, el último escritor romántico americano que elevó el relato de terror a la cumbre.

El caso de Lovecraft recuerda a otro escritor un poco anterior en el tiempo, y que sufrió una suerte de éxito póstumo parecido a la del escritor de Providence. Edgar Allan Poe, considerado por muchos como el padre del género de terror y de lo macabro y maestro universal del relato corto, murió a los 40 años de edad en circunstancias desconocidas (fue hallado en una calle de Baltimore en un estado de inconsciencia y ebriedad que nunca ha llegado a dilucidarse) y en la más absoluta de las ruinas.

Huérfano desde que era un niño, Edgar Allan Poe fue adoptado por un acaudalado comerciante de Richmond, con el que nunca llegó a tener una buena relación. Desde muy joven decidió dedicarse a la literatura, a pesar de la total oposición de su padre adoptivo, que muy pronto lo desheredaría. Poe siempre tuvo dificultades económicas, aunque trabajo nunca le faltó. Colaboró en varios periódicos y revistas y fue un crítico literario muy severo. Vivió durante muchos años con su tía y su prima, con la que se acabaría casando. Los problemas económicos, se unirían a la mala salud que el autor siempre arrastró, y que intentaba apaciguar mediante el alcohol, lo que conllevaba resultados aún más nefastos, y que muchas veces fueron causa de despido.

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Edgar Allan Poe, el padre de la novela gótica

Poe gozó de una cierta fama en los círculos literarios, sobre todo después de la publicación de su poema El Cuervo,  su obra cumbre y uno de los poemas más importantes de la literatura universal. Sin embargo, su obra no llegó nunca a ser comprendida del todo, y tuvo más detractores que seguidores. Su carácter sombrío y taciturno, le fueron sumiendo cada vez más en la soledad y en una espiral de autodestrucción, que se vería agravada con la muerte de su esposa, cuando sólo tenía 21 años.

Su muerte es una de las mayores incógnitas de la historia de la literatura. Después de un periodo truculento, parecía que Poe había conseguido tener una cierta estabilidad. Se encontraba dando una serie de conferencias por todo el país, e incluso había vuelto a prometerse en matrimonio. Sin embargo, su destino se truncó el 7 de octubre de 1849 en Baltimore.

Romántico tardío, desarrolló el género de misterio y del horror, renovando la novela gótica y aportando a la historia de la literatura las primeras narraciones detectivescas, así como las primeras incursiones en la narrativa de misterio. Maestro admirado e imitado en todo el mundo, jamás llegó a conocer lo que su obra aportaría a la literatura universal.

El éxito póstumo abarca también  a los compositores clásicos 

El mundo de la música también ha sido muy injusto con algunos compositores. Este es el caso de Aleksandr Borodín y su ópera prima El príncipe Ígor, que no llegó a acabar, y por lo tanto, nunca la vio estrenada.

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Alexandr Borodín, el compositor químico

Borodín fue un compositor y un químico que gozó de bastante renombre en ambos ámbitos, aunque sus ingresos principales se debían a la química. Empezó a trabajar en su ópera El príncipe Ígor en 1869, con 36 años. En ese mismo año, empezó también a ganar fama como compositor en Europa, gracias a sus sinfonías. Sin embargo, debido a la gran carga de trabajo como químico, la ópera quedó inconclusa, siendo completada posteriormente por Nikolái Rimski-Korsakov y Aleksandr Glazunov. Murió de un infarto a los 53 años, sin haber llegado nunca a conocer el éxito y la influencia que tendría su ópera sobre los compositores posteriores de generaciones posteriores.

El príncipe Ígor es considerado como una de las obras cumbre del nacionalismo ruso, rescatando el poema en prosa épico del  siglo XII el Cantar de las huestes de Ígor, que recogen las aventuras de un héroe popular ruso que responde al nombre de Ígor.

Un caso a la inversa: de ser uno de los compositores más admirados en vida, Spohr cayó en el olvido más profundo tras su muerte

Si pensamos en música clásica, siempre se nos aparecen en la cabeza nombres como Mozart, Bach o Beethoween, y a menudo se olvida de otros muchos nombres como el de Spohr, un importantísimo compositor y director de orquesta que tuvo que ser rescatado del olvido por Mendelssohn.

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Sello conmemorativo a Louis Spohr

Si se acude a cualquiera de las salas de conciertos construidas en la segunda mitad del siglo XIX, se encontrará el busto de Spohr al lado de las figuras de Haydn, Mozart y Schubert. Este compositor alemán nacido a finales del siglo XVIII fue un niño prodigio del violín, y como director de orquesta, fue de los primeros en usar la batuta, así como uno de los promotores más incansable de Wagner. Sus óperas tuvieron muchísimo éxito, entre las que se destaca Fausto Jessonda.

El caso de Spohr es contrario al del resto de los autores que conocieron el éxito póstumo: la música de este autor alcanzó un inmenso éxito en vida, y fue admirado por sus colegas y alabado por los críticos más influyentes; sin embargo, después de su muerte, cayó en el olvido en un periodo de tiempo relativamente breve.

Esto no parece ser un fenómeno extraño en el ámbito musical, y sobre todo en los compositores del siglo XIX, como es el caso de autores como Raff, Reinecke, Rheinberguer y Rubinstein. Las obras de estos autores han llegado a disco gracias a los sellos independientes, pero llevan años ausentes en los teatros europeos.

La enseñanza que podemos sacar del éxito póstumo es la misma que enuncia el famoso escritor José Cadalso en sus Cartas Marruecas: “la fama póstuma  de nada sirve al muerto, pero puede servir a los vivos  con el estímulo  del ejemplo  que deja el que ha fallecido.” Por lo que si bien, el éxito póstumo no suele ser lo que los autores buscan al crear su obra, puede servir para que el resto de generaciones puedan apreciar y disfrutar de sus aportaciones.

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