El lobo de Wall Street, ¿qué historia se esconde detrás de Jordan Belfort?

El pasado 17 de enero llegó a los cines españoles la última película de Scorsese, uno de los directores americanos de más éxito: El lobo de Wall Street, protagonizada por Leonardo Di Caprio. La cinta narra la historia de Jordan Belfort, cuyo empleo era el de corredor de bolsa americano, que llegó a estafar a sus inversores más de 200 millones de dólares. Jobandtalent  repasa la historia del lobo de Wall Street, y su ascensión en el trabajo.

Pero, ¿quién es en realidad y qué hizo Jordan Belfort, el lobo de Wall Street? Nacido en el seno de una familia judía en Queens, Nueva York, en 1962, sorprende saber que la carrera que escogió el señor Belfort fue Biología y no una relacionada con el mundo de la economía o las finanzas. Sin embargo, ya desde una edad muy temprana, el lobo de Wall Street mostró sus aptitudes para el mundo empresarial. Al principio de los años 80 destacó su labor en diferentes negocios de venta de carne y pescado, que le llevaron a trabajar como bróker para la empresa L. F. Rothschild en 1987. Aprovechó muy bien su tiempo allí, ya que dos años más tarde fundaría su propia compañía Stratton Oakmon, junto a su compañero Danny Porush, cimentando lo que luego sería su gran apodo, el lobo de Wall Street.

Un comienzo dentro de los «penny stocks»

Compañías conocidas como “penny stocks”, cuyo valor en bolsa está por debajo de los 5 dólares, y la compra de acciones que suele conseguirse por pocos céntimos, supuso el punto de partida del creciente poder de Jordan Belfort. La compañía del Lobo de Wall Street vendía estas acciones primero a gente con poco poder adquisitivo, pero que veía la oportunidad de comprar a precio bajo, y conseguir importantes cantidades de dinero. En todas estas operaciones existía una comisión que iba a parar al equipo del Lobo de Wall Street. ¿Cuál era el siguiente paso?

Jordan Belfort reúne un equipo con mínimos conocimientos bursátiles, pero tremendas dotes como comerciales, consciente de que la obsesión por ganar dinero, y por tanto comprar acciones, era superior a los conocimientos técnicos que pudieran tener los accionistas. Es por eso, por lo que decide comenzar la venta de acciones a cotas más altas, gracias a lo que se conoce como compañías blue chip, empresas estables, cuyos valores no tienen grandes fluctuaciones, y con eso se ganaban a confianza de los clientes. Posteriormente, una vez entraban en el anzuelo, comenzaban a venderles paquetes de acciones no tan seguros, con grandes comisiones para Stratton Oakmon. 

La última de las actividades que realizaba la empresa del Lobo de Wall Street la compra de acciones de compañías que iban a salir a bolsa, algo que esta totalmente prohibido. Sin destripar la película, el ejemplo más sintomático se da con el lanzamiento a bolsa de una conocida marca de ropa norteamericana, en la cual, Belfort compra acciones a través de otras personas externas a la compañía, para no levantar sospechas. El día que la empresa sale a bolsa, y gracias a la cartera que había creado Stratton Oakmon, todo el mundo muestra su predisposición a comprar acciones, subiendo el valor cada minuto que pasaba. Ellos, ya tenían un importante paquete accionarial que habían adquirido a través de terceros.

Todo este apoteósico ascenso millonario llevó a un joven Belfort a sumirse en una espiral de excesos, drogas  -la frase no termina en rock-, sino que sumó mujeres de compañía que ayudaron a  fomentar su mala fama y que levantaron recelos en todos los sectores de la sociedad. Protagonizó escándalos muy sonados, como el hundimiento de su propio yate en la costa de Italia, o el accidente que tuvo lugar al estrellar un helicóptero en el jardín de su casa. La razón fue que la desproporcionada cantidad de drogas que había consumido le impedían ver la pista de aterrizaje. Además de esto, las fiestas no eran algo extraño en su oficina.

Esta situación no podía durar mucho tiempo. Las quejas de los empleados de la propia empresa de Belfort, así como las de sus clientes y las de sus principales competidores, que no veían con buenos ojos el modus operandi  del bróker de Queens, llamaron la atención de las fuerzas de seguridad estatales. El FBI comenzó a investigar las operaciones financieras de Stratton Oakmon, que descubrieron toda la trama de ventas de acciones fraudulentas. En 1996 la compañía fue liquidada para hacer frente al pago de la multa que se le había impuesto. Esta ascendía a la mitad de la cifra de los millones que Belfort había estafado a sus clientes, es decir, cien millones de dólares.

En 1999 Belfort, el lobo de Wall Steet fue declarado culpable por fraude y blanqueo de capital y, por lo tanto,  condenado a cuatro años de prisión, aparte del pago de la deuda millonaria.Gracias a la cooperación que el lobo de Wall Street tenía con las autoridades, la pena de cárcel se le redujo a 22 meses.

Durante su estancia en prisión conoció a Tommy Chong, un famoso comediante, que le animó a escribir sus memorias, que vieron la luz en 2008 bajo el título de El lobo de Wall Street, (sobrenombre por el que Belfort era conocido) contando su auge y sus años de éxito, y Atrapando al lobo de Wall Street, en 2011, donde se recoge su caída. Los beneficios que obtiene por los libros los destina a hacer frente a la cuantiosa deuda que hoy en día todavía debe.

En la actualidad, el lobo de Wall Street imparte charlas y cursos motivacionales

En la actualidad, este controvertido personaje, conocido desde entonces como el lobo de Wall Street afirma haber cambiado de vida, ya que como él mismo defiende, “un leopardo puede cambiar sus manchas”. Vive en Los Ángeles  y además de escribir libros imparte charlas y cursos motivacionales en los que cuenta su experiencia y sus tácticas de persuasión. Todo ello los podemos encontrar en su página web (www.jordanbelfort.com), o en tutoriales subidos a youtube.

https://www.youtube.com/watch?v=grRVyc_i8-0#t=40

Sin embargo, el caso de Belfort no es el único ejemplo que pudiera llevar el apelativo del lobo de Wall Street. A lo largo de la historia económica actual ha habido numerosos casos de corredores de bolsa o brokers que han marcado un hito en el tráfico económico. Quizás uno de los más famosos sea el caso de Ivan Boesky, un financiero americano cuya impresionante capacidad para prever las adquisiciones de las empresas llegó a convertirle en uno de los agentes de bolsa más ricos de Nueva York.

Su caída tuvo lugar en 1986, cuando los inspectores federales descubrieron el intercambio de información privilegiada que se producía entre Boesky y un empleado de la empresa Drexel Burnham Lambert. Por este escándalo Boesky fue condenado por fraude y evasión de impuestos, pero al igual que Belfort, consiguió reducir su condena por colaborar con el Gobierno. Además de la pena de cárcel, también tuvo que pagar una fianza de cien millones de dólares por liquidar su empresa y se le prohibió el ejercicio de las finanzas de por vida.

Aunque este sea uno de los casos más sonados, Boesky es más conocido por su álter ego cinematográfico, Gordon Gekko, personaje creado por el director Oliver Stone, para las películas Wall Street y Wall Street 2: El dinero nunca duerme. Gekko viene a resumir el tópico del financiero de Wall Street, ya que cumple con todas las expectativas: frío, calculador y astuto, cuya máxima es “la codicia es buena”.

Y, por supuesto, sobre Gekko, así como sobre el lobo de Wall Street, no recae fácilmente el beneficio de la duda, debido a sus movimientos poco transparentes, y los beneficios derivados de una actividad lejos de lo legal. En el caso de Gordon Gekko, acaba condenado por violar el sistema de seguridad y por el manejo ilícito de capitales, cumpliendo a catorce años de prisión.

Otros ejemplos parecidos al lobo de Wall Street, con sonadas caídas son, el caso de Eike Batista, uno de los hombres más poderosos de Brasil en su momento, y que tardó tan sólo año y medio en dilapidar su fortuna (unos 22 mil millones de euros) y hundir su imperio energético, naviero y minero.

Tras haber fundado diversas empresas, todas ellas acabadas en una X, y haber conseguido amasar una fortuna valorada en 27.000 millones de dólares, la caída de este gigante brasileño comenzó a perfilarse en 2012, cuando la petrolera OGX redujo sus perspectivas de extracción de crudo, lo que provocó la caída de sus acciones y la pérdida de la confianza de sus inversores, que veían demasiado optimistas las propuestas de Batista, incluso cuando aún no se habían empezado a desarrollar.

Finalmente, la empresa petrolífera OGX fue declarada en bancarrota al tener una deuda de más de 3.900 millones de euros y Batista pasó de ser uno de los empresarios más ricos de Brasil, “al más pobre”, como le han calificado en la prensa de su país. Sin emabrgo, sus errores fueron financieros, y su final no terminó siendo semejante al que tuvo el lobo de Wall Street.

Para finalizar, y por cercanía, el ejemplo de Javier Martín Artajo, uno de los directivos más importantes e influyentes de JP Morgan (su sueldo era nada más y nada menos que de 10 millones de euros), y que, sin embargo, no era un personaje muy conocido. Las arriesgadas operaciones financieras que realizó el español llevaron a que la empresa perdiera 4.700 millones de euros.

Martín Artajo se empeñaba en apostar el doble de lo que perdía, con la esperanza de acabar ganando, hasta el punto de que el agujero económico era tan grande que ya no podía ocultarse. En el momento en el que el escándalo fue descubierto, durante el primer trimestre de 2012, Martín Artajo huyó a Zimbabue durante unos días, para luego regresar a su casa en Madrid. En el caso de que la justicia americana llegara a encontrarle, la pena que debería cumplir por su avaricia sería de 5 a 20 años.

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