Amor en la oficina: la erótica del poder

El amor llega cuándo y dónde menos te lo esperas. Parece el título de una canción, pero todos sabemos que es verdad. El tema del amor en la oficina existe desde hace muchos años. Ya en 1998, el Comité de Asuntos Nacionales de Estados Unidos informó que tres de cada diez relaciones sentimentales se habían desarrollado en el entorno laboral. Sin contar con las relaciones ocultas extramaritales que suceden en la empresa. En Jobandtalent hoy nos preguntamos por qué es el amor en la oficina tan común y cómo manejar esta situación.

Sentirse atraído por un jefe o superior es algo muy comú. Por mucho que haya llovido, todos nos acordamos del famoso «Escándalo Lewinsky» que puso en jaque al, por aquel entonces, todopoderoso Presidente de los Estados Unidos, quien se beneficiaba a su joven becaria de 22 años. Aunque no fue el primer presidente estadounidense que se vio envuelto en líos de faldas. Franklin Roosevelt tuvo una relación extramarital con la secretaria de su esposa, Lucy Mercer. Aunque su mujer lo descubrió, Roosevelt mantuvo este romance casi toda su vida. El caso de Gary Condit (ex-miembro del Partido Demócrata de Estados Unidos) sobrepasó los límites, ya que tras sostener un romance con su becaria Chandra Levi, esta fue asesinada y Condit pasó a formar parte de la escasa lista de sospechosos. Como este existen numerosos casos en los que la vida personal se ha mezclado con la profesional, traspasando ciertas fronteras supuestamente infranqueables. Esta situación ha llegado también a la gran pantalla, llevando el amor en la oficina al cine a través de películas como «La Proposición» (de Sandra Bullock), o «500 días juntos» (con Zooey Deschanel).

Pero, ¿se trata de amor o es realmente un sentimiento de admiración y respeto? Cada situación es diferente por lo que no se puede generalizar, pero existe un denominador común: la erótica del poder. La indiferencia de la otra persona y la atracción por lo prohibido o imposible aumentan nuestras fantasías y nuestro deseo de conseguirlo. La admiración hacia una persona que ostenta el poder es algo razonable y muy común ya que irradian seguridad en sí mismos, lo que inevitablemente nos atrae.

El amor en la oficina entre superior y subordinado no sólo se basa en la erótica del poder, también entra en juego la relación de cercanía que existe entre ambos. Un buen jefe intentará sacar lo mejor de sus empleados, para que éstos se sientan realizados, lo que psicológicamente crea un vínculo personal (aunque sea unidireccional) con la otra persona.

Parece que siempre es el subordinado el que primero se siente atraído por su superior, pero en muchos casos es al contrario. Muchos jefes ven en sus asistentes su otra mitad. Aquella persona que organiza su agenda o le hace la vida más fácil, adelantándose a sus necesidades. Este tipo de sinergia, hace que se planteen hasta qué punto se trata de una dependencia laboral o ha pasado a un nivel más personal. La frescura que aporta una persona que acaba de incorporarse a la oficina, con sus ganas de trabajar y su visión positiva de las cosas se contagia a su jefe renovando también su percepción del día a día.

Pero el amor en la oficina no es sencillo, especialmente si la relación surge entre superior y subordinado. Este tipo de relaciones suele levantar muchos rumores en la oficina. Siempre encontramos al típico compañero o compañera de trabajo muy dado a buscarle tres pies al gato y sin ningún escrúpulo que puede sugerir la existencia de fines poco ortodoxos y muy premeditados por parte del subordinado. Por lo tanto, este tipo de relaciones es mejor dejarlas fuera de la oficina. Una vez se sale del ascensor, el amor queda en el pasillo.

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