El experimento de la cárcel de Stanford: los efectos de los roles en la sociedad

En 1971, en la prestigiosa universidad de Stanford, California, se llevó a cabo uno de los estudios psico-sociológicos mas impactantes del siglo XX, y que demuestra una vez mas, como el ser humano es incapaz de prever su comportamiento en un espacio totalmente distinto al que está acostumbrado.

La armada de los Estados Unidos encargó este experimento al profesor Philip Zimbardo, ya que buscaban una solución que intentase estabilizar el control en las prisiones que había en aquella época. Este retorcido estudio consistía en lo siguiente:

Se publicó una oferta en un periódico local en el que se pedían participantes que, de forma voluntaria, quisieran someterse a la observación de los efectos psicológicos que se daban al convertirse en un preso o en un guardia de prisiones. Respondieron unas setenta personas al anuncio y se realizaron todo tipo de pruebas, tanto físicas como sociológicas, para descartar a las personas con inestabilidades, historiales delictivos o consumidores habituales de drogas que pudieran perjudicar la muestra.

carcel stanford

Los seleccionados lo conformaban un grupo de 24 hombres saludables, con una cociente intelectual algo superior a lo normal y de clase social media. Se les dividió aleatoriamente en dos grupos sin hacer ningún tipo de distinción. Unos tendrían el rol de presos y otros, de guardias.

El escenario se construyó en los sótanos de la universidad de Standford y se contó con la colaboración de consultores expertos.

Este experimento tenía una duración inicial de 18 días en los que los guardias trabajarían por turnos en parejas pudiendo volver a sus casas y los presos, vestidos únicamente con batas blancas y con una media en la cabeza en sustitución al afeitado que se realizaba en las cárceles, permanecerían cautivos durante los 18 días, teniendo asignado un número al que debían responder en vez de por su nombre.

La simulación fue absolutamente real desde el principio. Una mañana de agosto la policía irrumpió en las casas de los «presos» y se les acusó de atraco a mano armada siendo detenidos en ese instante y llevados a la comisaria, donde, tras leerles sus derechos y tomarles declaración, se les volvió a introducir en el coche con los ojos vendados y fueron trasladados a la cárcel que se había creado en la universidad. Allí les esperaban los «guardias» para empezar con su trabajo. Aunque habían sido advertidos de que quedaba totalmente prohibida la violencia física, recibieron las siguientes instrucciones por parte de Zimbardo.

«Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad… Vamos a despojarles de su individualidad de varias formas. En general todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno»

La degradación a la que fueron sometidos los reclusos nada mas llegar (se les quitó la ropa y se les roció con un spray desparasitario) empezó a afectar psicológicamente a los presos. Aparte de esto, se les enganchó una cadena al pie, para que en ningún momento se olvidasen de donde se encontraban. En un principio, eran dos grupos de 9, y había una pequeña parte de «reservas» por si era necesario que participasen.

Los recuentos a los presos realizados por los guardias a horas intempestivas de la madrugada servían ,aparte de para descolocar psicológicamente a los presos, para intentar conseguir que respondieran y se habituasen a ser un numero, y no una persona. La poca seriedad con la que los presos se tomaban estos recuentos en un primer momento, fue el inicio de un catastrófico final.Se empezaron a realizar flexiones como castigo físico, que, aunque en principio no fue considerado como tal, termino siendo una tortura para los participantes en la muestra.

La mañana del segundo día se desataron los problemas. Los presos decidieron crear un motín y arrancarse los gorros y los números que se les había asignado, haciendo que los guardias empezaran a crear medidas que iban mas allá de los límites.Además de reforzar la vigilancia, emplearon extintores para alejar a los reclusos de las puertas donde se encontraban.Tras conseguir estabilizar el caos, las autoridades les quitaron la ropa, las camas, aislaron a los mas rebeldes y empezron con las humillaciones y vejaciones a todos.

Debido a la impotencia al no poder estar los nueve guardas vigilando a todas horas del día optaron por aturdir a los presos psicológicamente. Se les mezcló en las celdas tanto a cabecillas como a los que no se habían involucrado y se creo una «celda buena» en la que había uniformes y camas y los presos tenían unos mínimos de higiene. De esta forma, el desconcierto creció entre ellos ya que se pensó que algunos de los que se encontraban en las celdas eran espías o topos e informaban de los movimientos a los vigilantes.Los trastornos emocionales empezaron a surgir al tercer día, cuando uno de los presos tuvo un ataque de ansiedad de tal magnitud que se le dejó abandonar el experimento. Tras esto, y viendo el nivel emocional del resto de reclusos, se dejó una hora de visitas con familiares al día siguiente pero siempre bajo el control y la manipulación de los guardias.

El quinto día empezaron los rumores de un plan de fuga por parte de los reclusos, que serían rescatados por alguien del exterior, por lo que se decidió esconder a los presos en un lugar diferente de la universidad a la espera de que llegaran las personas que iban a ir a rescatarles. Después de preparan un minucioso plan, el rumor no paso de eso, se quedó en un rumor, por lo que el enfado y la frustración de los guardias se intensificó, y como reacción, intensificaron las vejaciones y castigos a los presos que a estas alturas habían perdido completamente la consciencia de saber que nada era real y que eran parte de un estudio. Habían perdido completamente la noción de quien eran y habían adaptado al 100% su papel de reclusos.

El sexto, y último día del experimento se les sometió a una serie de entrevistas en las que debían de justificar por qué merecían obtener la libertad condicional para poder irse. Las reacciones de los presos dejaron asombrados a los psicólogos que allí se encontraban. La mayoría de ellos optaban a renunciar al dinero que se les pagaba por el estudio pero cuando se les mandaba volver a sus celdas, obedecían de manera ejemplar, ya habían asumido totalmente su papel y algunos incluso pensaban que necesitarían la ayuda de abogados para poder volver a sus casas, cuando realmente no tenían mas que decir que querían abandonar.Tras esto, una huelga de hambre llevada a cabo por uno de los reclusos, y las reclamaciones de algunos familiares que llegaron a presentarse incluso con abogados reales en la «prisión», se decidió dar por concluido el experimento.

La valoraciones que se realizaron posteriormente tanto de presos como de vigilantes fueron estas:

  • Los presos habían adoptado totalmente su papel, creyéndose culpables, sin dignidad, y sometidos a todo tipo de vejaciones. La unidad que mostraron los primeros días se rompió y terminaron todos como individuos aislados.
  • Los guardias también se habían mimetizado con su rol hasta tal punto de no reconocerse observándose en las imágenes que se les mostró después del estudio, y habiendo hecho un desorbitado uso del poder que se les había confiado. Todos doblaron turnos, trabajaron noche y día y ninguno de ellos pidió ni mas salario ni mejores condiciones laborales, se entregaron 100% a la causa.

En 2001 se llevó al cine el estudio. El experimento, basado en esta historia, muestra con todo detalle algunas de las vejaciones que se realizaron y como, incluso en el mas hostil de los entornos, llegamos a adaptarnos como única vía de escape.

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