Entrevista a Álvaro Illanas Cerezo, presidente de Kairos Society en España

Álvaro Illanas Cerezo realizó sus estudios de Administración y Dirección de Empresas en ESADE (Barcelona). Tras vivir en numerosos países probando nuevas experiencias, Álvaro es ahora presidente de Kairos Society en España, una organización dirigida a los jóvenes emprendedores que en lugares como Estados Unidos ha tenido una repercusión increíble.

Trayectoria Profesional

Soy  recién graduado de Licenciatura y Máster en Administración y Dirección de Empresas por ESADE Business School (Barcelona, España). Acabé mis estudios en Columbia University (Nueva York, USA). Todas mis experiencias laborales como intern en diferentes sectores tan dispares como finanzas corporativas, incubación de nuevas tecnologías y consultoría estratégica para start-ups, me han permitido trabajar intensivamente en Inglaterra, Estados Unidos, España, India y Suiza, estando rodeado en diferentes ambientes multiculturales. Actualmente soy el Presidente de Kairos Society en España, co-fundador de GIVE (Global Innovation Village) en India y soy analista de primer año en Deloitte España.

Desde que era pequeño siempre he tenido claro que no quería tener una vida normal. Me cansa la monotonía y por eso siempre intento enfrascarme en nuevos proyectos que implican cierto riesgo. Es esa probabilidad de fracasar u obtener el éxito en un proyecto lo que me permite caminar. Y es que tal y como dice un proverbio chino, el mayor fracaso es el no haberlo intentado. Todo el mundo puede llegar lejos, solo cabe disfrutar con lo que uno hace. Y a pesar de que a veces las cosas no salen como uno espera, se debe seguir intentándolo corrigiendo los fallos. Desde mi experiencia, podría enumerar un sinfín de proyectos que fracasaron, pero el aprendizaje que obtuve me ayudó a cosechar otras metas de las que estoy muy contento hoy en día.

Hace muchos años aprendí la importancia de conocer mundo para llegar a ser una persona íntegra. Por eso, desde segundo de carrera busqué prácticas en el extranjero, que me permitiesen aplicar lo aprendido en un ambiente al que estaba acostumbrado. Por eso trabajé en una incubadora tecnológica en el verano en que acabé cuarto de carrera en la India. A pesar del caos organizativo por el que se caracteriza este país, me sorprendió el valor que da a la educación. Allí, ésta es voluntaria, por lo que solamente los privilegiados tienen derecho a ir a la escuela. Por tanto, desde pequeños, se les inculca la importancia de la educación para salir de la pobreza. Y es que no hay que olvidar que la India es uno de los países más poblados del mundo, y que el  35%  de su población tiene menos de 14 años. Este país está haciendo los deberes como toca, a pesar de la gran masa  que vive en condiciones infrahumanas. Esta situación motiva a su sociedad a emprender creando empresas e innovar nuevas tecnologías para prosperar en la vida.

Hubo un día que cambió la mía. Recuerdo que estaba en uno de los hospitales para el tratamiento del VIH que tiene la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur. Recuerdo llegar a la sala donde los pacientes terminales estaban aislados del resto al estar en la última fase de la enfermedad. Sin embargo, me extrañó que había una niña correteando por la sala, y venía a mí para que jugase con ella. No entendía cómo la habían dejado a la niña entrar allí. Cuando salí de la habitación, pregunté a la guía y me dijo que hacía unas semanas se le había detectado Sida y tenía que empezar el tratamiento. Cuando volví a mi apartamento en Chennai (sur de India), me prometí contribuir como fuese  a algún proyecto relacionado con la educación, y que ayudase a los más necesitados a ser conocedores de cosas tan básicas como la higiene, el cuidado medioambiental o la transmisión de enfermedades sexuales. De aquí surgió GIVE (Global Innovation Village), proyecto que junto con Hemant Sahal, recién graduado en Biotecnología, estamos llevando a cabo queriendo conectar Asia con Europa, a través de España e India.  A principios del año que viene vamos a empezar la construcción de un Instituto de Entrepreneurship en la India financiado única y exclusivamente por la venta de pulseras solidarias en España.

Este proyecto me permitió estar en contacto con Kairos Society, una sociedad americana cuya voluntad es promover la emprendeduría entre los estudiantes universitarios que quieran tener un impacto en la sociedad y que actualmente estoy lanzando en España con 3 estudiantes de ESADE. También se quiere identificar a jóvenes promesas que sean los líderes del futuro. A pesar de que en España aún estamos en fase de desarrollo, en Estados Unidos hemos tenido mucha repercusión, habiendo participado personas de la categoría de Bill Clinton y de Bill Gates Sr y teniendo como sponsors a New York Stock Exchange o a las Naciones Unidas.

¿Podrías describir tu proyecto?

Kairos Society es una organización sin ánimo de lucro que pretende catalizar una economía basada en la innovación y motivando a jóvenes emprendedores y change makers que quieran tener un impacto en la sociedad. Se está creando una red de personas que tienen intereses comunes. Ya sean abogados, filósofos, científicos o economistas entre muchos otros perfiles son identificados y seleccionados para que se reúnan, discutan y decidan qué acciones se deberían tomar para solucionar los problemas globales que hoy en día el mundo debería hacer frente. Además, nuestros fellows tienen la oportunidad de acudir a eventos Internacionales para que puedan ampliar su lista de contactos y que estén en contacto con personas exitosas como las antes citadas y que aprendan de su experiencia.  Actualmente ya tenemos más de 700 fellows por todo el mundo y esperamos ser muchos más muy pronto. Invito a quién quiera a que contacte conmigo para cualquier información.

¿Qué planes de futuro tiene Kairos?

Actualmente estamos intentando adaptar Kairos a la realidad española. La barrera con la que nos hemos encontrado es que países como la India o Estados Unidos van un paso adelante a la hora de emprender. En estos países, hay estudiantes a muy temprana edad comienzan a emprender negocios lucrativos, por muy básicos que sean. Por ejemplo, recuerdo que una fellow de Kairos empezó a vender vasos de limonada en el jardín de su casa a las personas que paseaban a los 15 años. Y es que ser emprendedor no es un oficio sino una actitud. Por lo que nos gustaría fijarnos en la generación perdida de la que tanto se ha hablado en España en los últimos meses y recuperarla. Siempre hay una oportunidad en cualquier situación, y el hecho de que haya un colectivo que no tenga trabajo y/o que no esté de acuerdo, es una puerta abierta a intentar cambiar el sistema para reducir la deficiencia que tiene el actual. Queremos dar oportunidades a personas que no se conforman con la vida que les ha tocado vivir  y que quieren ser activos ante ella.

Además, en breve vamos a lanzar el proceso de aplicación en España para poder formar parte de nuestra comunidad. Uno de los beneficios a corto plazo será el de entrar en contacto con personas únicas en su disciplina, que compartan la motivación por vivir una vida diferente, y la posibilidad de acudir a eventos Internacionales, como el Summit que se celebra cada año en Wall Street y en las instalaciones de Naciones Unidas, en Nueva York o en La Haya (Holanda).

¿Lo mejor y lo peor de trabajar en el mundo en qué trabajas?

Tengo solo 23 años por lo que aún me queda mucho camino por recorrer. Muchas veces he mareado por el estilo de vida que he optado seguir. No me di cuenta de que me hice mayor hasta que empecé a tomar mis propias decisiones. Cuando entré en la Universidad, empecé una nueva etapa en la vida, con nueva gente, nuevas aficiones y nuevos retos ante la vida. Pero no fue hasta que trabajé en empresas cuando que me di cuenta de la importancia de disfrutar con lo que haces. De todas las prácticas que he realizado he sacado algo positivo. He podido estar en contacto en otras culturas tanto sociales como corporativas que me han permitido ampliar mis conocimientos en gran medida y a conocer tanto mis puntos fuertes como débiles. No obstante, el mundo que estoy escogiendo vivir es demasiado competitivo, va todo muy rápido y debes aprender a trabajar bajo presión y contra-reloj. Cuando trabajé en Corporate Finance por las tardes mientras estudiaba por las mañanas, el ritmo fue frenético. La curva de aprendizaje cada día era enorme, igual que la presión que recaía en mi doble rol de estudiante – trabajador. Me acuerdo que mi jefe un día me dijo…Alvaro, aquí hay dos valores, trabajar rápido y perfecto. Y es verdad, en Merges & Acquisitions, el sector pide dar cada día el 120% de ti. Acabé muy cansado, y por eso decidí irme la semana siguiente a la India para poder reflexionar y decubrir dónde me quería ver de aquí unos años. Allí conocí a Tilak, un ex MBA de Wharton que me enseñó a comprender el valor del trabajo y la actitud ante la vida. Y es que a él la vida le había llevado por un camino lleno de obstáculos hasta que finalmente encontró el equilibrio entre su vida personal y profesional.

¿Podrías contar alguna anécdota divertida que te haya ocurrido?

Me acuerdo que cuando trabajé en la incubadora tecnológica, tuve que cruzar todo el país de este a oeste para entrevistarme con 2 emprendedores que habían aumentado la productividad de la caña de azúcar gracias a una mezcla química muy básica y barata, de la que muchos campesinos indios podían beneficiarse. Era la primera vez que estaba en un país en vías de desarrollo, por lo que tardé unos días en habituarme a la cultura hindú. Recuerdo perfectamente la cara que puse cuando mi jefe me pidió que me entrevistase con aquéllos emprendedores. No me imaginaba cruzar todo el país sin ninguna compañía y cogiendo de noche el tren. Después de 20 horas de trayecto para recorrer una distancia comparable a la que hay entre Barcelona y Madrid, cogí un tuktuk para que me llevase a la plantación de azúcar. Al verme, el conductor intentó timarme de manera muy descarada, por lo que yo le intenté hacerle comprender que no tenía razón. Después de 10 minutos, hice caso a una compañera de trabajo que me dijo que aquéllos conductores no atendían a la racionalidad con los occidentales, y que el único lenguaje que se podía usar era hablar más alto que ellos. Por lo que acabé explotando por aquéllos días, y el hombre me hizo caso y se fue. Cuando me reuní con los emprendedores, les conté lo sucedido y se rieron de mi. Lo que me llamó la atención es que no se creían que yo fuese de España, porque me dijeron que yo era el primer español que se encontraban que hablase inglés. Esto último me hizo reflexionar…

¿Qué consejo darías a alguien que quiere seguir tus pasos?

No me considero una persona extraordinaria, sino una persona constante y que disfruta con lo que hace. Me gustaría animar a los jóvenes que se han encontrado en mi situación a que no persistan y que se tiren a la piscina, es mejor haberlo hecho y arrepentirse, que quedarse con la espinita de no haberse atrevido. Hay que tomar todas las oportunidades que da la vida y no tener vértigo a la incertidumbre del futuro. Poco a poco se va iluminando el camino a seguir. Seguir la doctrina de Gandhi, y sed el cambio que queréis ver en el mundo. Tengo aún 23 años, por lo que aún tengo mucho por aprender.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.